Tema
Soledad y aislamiento
Historias sobre estar solo, por elección o por destino.
Libros sobre este tema

La insoportable levedad del ser
Milan Kundera

Butcher's Crossing
John Williams

Picnic en Hanging Rock
Joan Lindsay

Un reflejo velado en el cristal
Helen McCloy

Middlemarch
George Eliot

Carol
Patricia Highsmith

Pan
Knut Hamsun

Vía Revolucionaria
Richard Yates

El Corazón es un Cazador Solitario
Carson McCullers

Agnes Grey
Anne Brontë

La maldición de Hill House
Shirley Jackson

Las horas
Michael Cunningham

Muchachas de uniforme
Christa Winsloe

Siempre Hemos Vivido en el Castillo
Shirley Jackson

Otras voces, otros ámbitos
Truman Capote

Frankie y la boda
Carson McCullers

Las hermanas Grimes
Richard Yates

Intermezzo
Sally Rooney

Cassandra en la boda
Dorothy Baker
Sobre Soledad y aislamiento
Hay una soledad que se elige y otra que se impone, y la literatura sabe distinguirlas mejor que nosotros. Los libros que reúno aquí no hablan de estar físicamente a solas, sino de algo más incómodo: la distancia que puede abrirse entre una persona y todo lo que la rodea, incluso cuando está acompañada.
Lo que une estas lecturas no es la tristeza, sino una pregunta que las atraviesa a todas: ¿qué buscamos en realidad cuando buscamos a alguien? En El corazón es un cazador solitario, cada personaje deposita sus sueños en un hombre sordomudo convencido de haber encontrado por fin quien lo escuche; la ironía es que casi nadie llega a conocer de verdad a los demás. La soledad, ahí, no es falta de compañía: es la dificultad de ser comprendido.
Otras veces el aislamiento toma la forma de una casa. En Siempre hemos vivido en el castillo, las hermanas Blackwood convierten el encierro en refugio, hasta que el refugio se vuelve la única vida posible. La misma paradoja recorre La maldición de Hill House, donde Eleanor persigue desesperadamente un lugar que pueda sentir suyo. El espacio deja de ser decorado y se convierte en el mapa de un estado interior.
También está la soledad de quien todavía no encaja. Frankie y la boda retrata a una niña atrapada entre la infancia y la vida adulta, convencida de que su sitio está en cualquier parte menos donde está. Y la de quien ha construido su identidad sobre otra persona: en Cassandra en la boda, una mujer descubre que el amor de su hermana ya no basta para llenar el vacío que la sostenía.
Lo interesante es que ninguno de estos libros trata la soledad como un castigo. En Las horas, tres mujeres rodeadas de vidas en apariencia plenas no buscan ser felices: buscan respirar. Aquí la soledad es más lucidez que desgracia.
Caben, pues, la soledad elegida y la sufrida, la del ruido y la del silencio, la que aísla y la que a veces protege. Son lecturas que no consuelan con respuestas fáciles, pero que hacen algo más raro: nombran con precisión eso que casi nunca sabemos decir. Si alguna vez te has sentido a solas en mitad de una conversación, es probable que encuentres aquí un libro que ya lo había entendido antes que tú.