Agnes Grey
Agnes Grey
de Anne Brontë
¿Por qué leerlo?
Si te interesa conocer, desde una perspectiva casi autobiográfica, cómo era la vida de una institutriz en la Inglaterra victoriana.
Sinopsis
Agnes Grey narra la historia de una joven de origen humilde que decide trabajar como institutriz para ayudar económicamente a su familia. A través de su experiencia en distintos hogares acomodados, la novela retrata las dificultades de una profesión marcada por la soledad y las diferencias de clase.
Reseña
Cada pocas páginas tenía la sensación de que Anne Brontë dejaba de contar una historia para recordarme cuál era la lección.
Desde las primeras páginas tuve la impresión de que ya había decidido quién tenía razón, quién se equivocaba y qué destino merecía cada personaje. No había espacio para la duda ni para las contradicciones. Todo estaba ordenado para confirmar una idea muy concreta de cómo debe vivirse una vida virtuosa.
Ella misma trabajó como institutriz y, no dudo del hecho de que podía escribir sobre esa profesión desde el conocimiento. Las escenas en las que Agnes llega a casas desconocidas, intenta ganarse el respeto de unos niños imposibles o soporta la indiferencia de familias que la consideran poco más que un mueble tienen una autenticidad que no se puede inventar. Ahí sí encontraba una voz interesante.
Pero cada vez que la novela levantaba el vuelo, volvía la lección moral.
Agnes no me ha parecido una persona; me ha parecido un ideal. Es humilde, trabajadora, paciente, piadosa y prudente. Nunca se permite un exceso, nunca se deja llevar, nunca parece equivocarse de verdad. Entiendo que Anne quisiera construir una protagonista íntegra, pero a mí me cuesta conectar con personajes que parecen incapaces de sorprenderme. A las pocas páginas ya sabía cómo reaccionaría ante cualquier situación.
Bien, la virtud de Agnes, por sí sola, no me supone ningún problema. La literatura está llena de personajes íntegros y profundamente bondadosos. Lo que terminó agotándome fue su mirada. Sentía que cada personaje que aparecía era sometido a un examen moral. Si alguien era vanidoso, ambicioso o simplemente disfrutaba de las cosas materiales, Agnes ya tenía preparado un juicio. Tenía una necesidad constante de decidir quién merecía su aprobación y quién no. Y esa actitud, repetida durante toda la novela, terminó haciéndola mucho menos interesante de lo que podría haber sido.
Con el resto de personajes me ocurrió exactamente lo mismo. No encontré apenas psicología. No hay nadie que me hiciera cambiar de opinión a medida que avanzaba la historia. Nadie que escondiera una contradicción interesante. Los personajes buenos son buenos desde el principio hasta el final; los malos, malos.
La relación que la novela establece entre belleza y moralidad terminó de sacarme por completo de la historia.
Rosalie Murray es preciosa. También es vanidosa, coqueta, disfruta siendo admirada y sueña con un matrimonio que le garantice riqueza y posición social. Desde el momento en que aparece, el libro prácticamente anuncia que acabará pagando por ello. Agnes, en cambio, no destaca por su belleza. Su gran virtud está en otra parte: cultiva la mente y nunca se deja seducir por las apariencias.
Hay una frase que resume muy bien esa forma de pensar:
“It is foolish to wish for beauty. Sensible people never either desire it for themselves or care about it in others.”
No pude evitar preguntarme por qué ambas cosas tienen que ser incompatibles. ¿Por qué una mujer hermosa no puede ser también inteligente? ¿Por qué alguien que cuida su aspecto tiene que acabar siendo superficial? La novela parece desconfiar constantemente de la belleza, como si hubiera algo moralmente sospechoso en ella. No es una idea que aparezca una sola vez; atraviesa todo el libro. Tengo presente el contexto en el que fue escrita este libro. Anne Brontë era hija de Patrick Brontë, un clérigo anglicano, creció en un hogar profundamente religioso y escribió desde una educación marcada por unos principios morales muy estrictos. Además, Agnes Grey bebe directamente de su propia experiencia como institutriz, así que sería injusto juzgar la novela únicamente con ojos del siglo XXI. Pero, incluso haciendo ese esfuerzo, me resultó imposible no reparar en este patrón. La asociación entre belleza y frivolidad, y entre sencillez física y virtud, es desesperadamente insistente.
Y eso hace que el desenlace sea completamente previsible.
Rosalie recibe exactamente el futuro que la novela llevaba prometiéndole desde el principio. Agnes obtiene el suyo: un párroco bueno, humilde y sencillo. La autora concluye su lección, no hay conflicto. Simplemente, cada personaje acaba donde la lógica moral de Anne Brontë había decidido que debía acabar.
Mientras leía no podía dejar de acordarme de El profesor, de Charlotte Brontë. Me produjo una sensación muy parecida. Otra novela donde los personajes moralmente superiores también son poco atractivos físicamente y observan con cierta superioridad a quienes persiguen el éxito o el reconocimiento social. No sé si es una visión compartida por las hermanas Brontë o una coincidencia entre estas dos novelas, pero la comparación fue inevitable.
Por eso no puedo recomendarlo como novela. Me parece una lectura relevante si quieres conocer mejor a Anne Brontë o entender qué significaba ser institutriz en la Inglaterra victoriana. Como ficción, me ha parecido excesivamente rígida y previsible.
Mi valoración
Lo que me encantó
- Una lectura para completar el universo de las Brontë.
- Una protagonista guiada por principios firmes.
- Su componente autobiográfico le aporta autenticidad.
Lo que menos me gustó
- Agnes Grey resulta una protagonista repetitva y demasiado moralizante.
- Los personajes están construidos de forma muy maniquea. Los ricos suelen representar la superficialidad y la mala educación, mientras que la virtud recae casi siempre en los personajes humildes y discretos.
- Le falta complejidad psicológica.
- La belleza aparece asociada de forma demasiado previsible a la vanidad y la corrupción moral.
¿Para quién es este libro?
- Si quieres completar la obra de las hermanas Brontë y descubrir la voz más sobria y realista de la familia.
- Si te atraen las novelas victorianas de corte moral y con un fuerte componente autobiográfico.
- Esperas personajes psicológicamente complejos o moralmente ambiguos.
- Prefieres novelas victorianas más apasionadas, como Jane Eyre o Cumbres borrascosas.
- Te cansan los narradores excesivamente moralizantes.
El final, explicado
Este bloque revela el finalMostrar
El desenlace de Agnes Grey es tan contenido como el resto de la novela. Después de soportar años de humillaciones y familias que la tratan como una figura invisible, Agnes abandona definitivamente su trabajo como institutriz y regresa junto a su familia. Allí comienza una nueva etapa ayudándola a administrar una pequeña escuela, un entorno mucho más digno y acorde con sus principios. Poco después, Edward Weston, el joven clérigo al que Agnes admira desde hace tiempo, le declara su amor. Ambos se casan y forman un hogar sencillo, alejado del lujo y de las aspiraciones sociales que habían marcado la vida de personajes como Rosalie Murray.
Preguntas frecuentes
¿Agnes Grey está basada en hechos reales?
En gran medida, sí. Anne Brontë trabajó como institutriz durante varios años y volcó muchas de sus experiencias en la novela.
¿Es una buena puerta de entrada a las Brontë?
No sería mi primera recomendación. Si nunca has leído a las hermanas Brontë, Jane Eyre o Cumbres borrascosas suelen ofrecer una experiencia mucho más intensa y memorable.
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