Género
Libros de novela victoriana: lecturas y reseñas
Fábricas, páramos y salones de té: una Inglaterra de costumbres destacables, vista por quienes conocían sus grietas.
8 libros de novela victoriana leídos por Elina
Ocho puertas a la Inglaterra victoriana
El reinado de Victoria duró sesenta y cuatro años y cupo en él un mundo entero: el humo de Manchester y los páramos de Wessex, la tacita de té de un pueblo sin hombres y el retrato que se pudre en un desván de Londres. Estas ocho novelas no se parecen entre sí más que las hermanas de una familia numerosa. Comparten apellido, se pelean en la mesa y cada una guarda un secreto que las demás no sospechan.
| Libro | Ideal si buscas | Una clave del género | Nota de Elina |
|---|---|---|---|
| Cranford | Una acuarela tierna e irónica de un pueblo gobernado por mujeres, donde el tiempo se detuvo hacia el té de las cinco. | La comunidad femenina, un pequeño reino con sus propias leyes en un mundo hecho por y para los hombres. | 2,7/5 |
| Middlemarch | Una novela que lo contiene todo, un pueblo entero bajo el microscopio y una heroína, Dorothea, imposible de olvidar. | El matrimonio como prueba de fuego. | 4,78/5 |
| Agnes Grey | Completar a las Brontë y asomarte a la vida humillada de una institutriz, contada por quien la vivió. | La novela moral, donde la virtud se recompensa y la vanidad se castiga. | 2,05/5 |
| El profesor | El boceto de lo que serían Jane Eyre y Villette, la primera novela de Charlotte Brontë. | El ideal protestante del esfuerzo. El trabajo y la contención como forma de dignidad. | 2/5 |
| Tess de los d’Urberville | Una tragedia devastadora y una heroína que Hardy defiende con un subtítulo desafiante: Una mujer pura. | La doble moral. Una sociedad que perdona al hombre y condena a la mujer por lo que otro le hizo. | 4,02/5 |
| El retrato de Dorian Gray | La novela decadente de la época que contieneaforismos como joyas envenenadas. | La hipocresía de la respetabilidad. La cara intachable en sociedad y el pecado escondido en el desván. | 4,93/5 |
| Lejos del mundanal ruido | Una heroína orgullosa y tres pretendientes que encarnan tres maneras de amar. | La naturaleza indiferente. Las cosechas y las estaciones siguen su curso mientras los corazones se rompen. | 3,48/5 |
| Norte y sur | El choque de las dos "Inglaterras". Un romance que arde lento entre dos orgullos, con el humo de las fábricas de fondo. | Un romance que también cuenta como novela social, con huelgas, pobreza y una Inglaterra partida en dos por la máquina de vapor. | 4,07/5 |
Sobre Novela victoriana
Dicen que la época victoriana fue la más decente de la historia de Inglaterra. Basta abrir cualquiera de sus novelas para descubrir que es mentira.
Entre 1837 y 1901, mientras la reina Victoria vestía luto riguroso y el imperio pintaba de rosa medio mapamundi, los novelistas ingleses se dedicaron a una tarea mucho más subversiva: mirar debajo de las alfombras. Debajo de las de Londres encontraron un retrato que envejece en lugar de su dueño. Debajo de las de Milton, el hollín de las fábricas, las huelgas y los niños que tosían. Debajo de las de Wessex, a una muchacha condenada por un crimen que no cometió y un subtítulo que era una bofetada: Una mujer pura.
La novela victoriana es la novela de la respetabilidad y de su precio. En ella todo el mundo sabe cuánto vale una dote, quién saluda a quién en la iglesia y qué ocurre con una mujer que da un paso en falso. Pero sus mejores autores, y muchas de ellas fueron autoras con nombre de hombre, como George Eliot, sabían que las reglas existen sobre todo para revelar a quienes se asfixian bajo ellas. Dorothea Brooke se casa con un erudito que guarda el saber como quien guarda polvo. Margaret Hale aprende que el orgullo también se hereda. Bathsheba Everdene envía una tarjeta de San Valentín en broma y desata una tragedia.
Confieso que no todas las victorianas me han conquistado. Algunas, como Agnes Grey o El profesor, me resultaron tan empeñadas en dar lecciones que olvidaron contar una historia, y desconfían de la belleza con una severidad que roza lo cómico. Pero el siglo XIX inglés también me ha regalado algunas de las páginas más hondas que he leído, y Middlemarch sigue siendo, para mí, la prueba de que no existen vidas pequeñas, solo novelistas que no saben mirarlas.
Esta es mi galería victoriana: fábricas y salones, páramos y parroquias, heroínas que aprendieron a decir la verdad en voz baja porque en voz alta no se les permitía. Si prefieres el lado más oscuro de la época, el de los retratos malditos y las casas que guardan secretos, sigue el rastro hasta la novela gótica.
Pasa. El té está servido, y nadie aquí es tan decente como parece.







