Rojo y negro

Le rouge et le noir

de Stendhal

★★★★★★★★★★3,036 min de lectura
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¿Por qué leerlo?

Si buscas una novela psicológica que diseccione la ambición, el orgullo y la necesidad de reconocimiento con una lucidez que sigue sorprendiendo casi dos siglos después.

Sinopsis

Julien Sorel ha nacido en una familia humilde, pero está convencido de que merece algo más que la vida que le espera en un pequeño pueblo francés. Admirador de Napoleón y obsesionado con ascender socialmente, aprovechará cada oportunidad para abrirse paso en un mundo gobernado por la aristocracia y la Iglesia.

Reseña

Julien Sorel, el protagonista de la novela, construye su toda su identidad a partir de la mirada de los demás.

Se dice que es un arribista, un oportunista, un mentiroso y un joven consumido por la ambición. Todo eso es cierto, pero también pesa otra impresión a la hora de explicar su conducta: Julien es un hombre que nunca logra desprenderse de la mirada de los demás. Vive como si siempre hubiera alguien observándolo, incluso cuando está solo. Es una tortura mental constante. ¿Parecerá valiente? ¿Parecerá débil? ¿Demasiado apasionado? ¿Demasiado frío? Es agotador, para él y para quien lo lee.

Eso sí, reducir Rojo y negro a una novela sobre la ambición me parece injusto.


Julien nace en el momento equivocado. Esa idea me acompañó durante toda la lectura. Admira a Napoleón con un fervor casi religioso, pero Napoleón pertenece al pasado. Si hubiera nacido veinte años antes, quizá habría encontrado un lugar en un mundo donde el mérito todavía podía abrir puertas. La Francia de la Restauración ya no funciona así. Ahora vuelven a mandar los apellidos, los títulos y una Iglesia que ofrece una carrera a Julien sin exigirle fe, solo disciplina y obediencia. El único camino para escapar de su origen consiste en convertirse en alguien que no es.

Ese camino termina llevándolo a la casa del alcalde de Verrières, monsieur de Rênal, donde entra como preceptor de sus hijos. Sobre el papel, es un ascenso. Ha salido del aserradero de su padre y, por primera vez, pisa el mundo al que lleva tanto tiempo mirando desde abajo. Lejos de llegar con tranquilidad, llega con el orgullo herido y con una necesidad casi desesperada de demostrar que merece ocupar ese lugar. Desde el primer día interpreta cada conversación como una prueba, cada gesto como un posible desprecio y cada éxito como una pequeña victoria sobre la clase social que siempre lo ha menospreciado. excluyéndolo.

Madame de Rênal rompe ese esquema casi sin proponérselo. A diferencia del resto de personajes, no mira a Julien a través de su origen ni de sus aspiraciones. Al principio ni siquiera comprende el conflicto interior que arrastra. Lo que ve es a un muchacho tímido, inteligente y mucho más vulnerable de lo que él mismo está dispuesto a admitir. Pienso que Madame de Rênal representa la única relación donde Julien deja de competir durante unos instantes.

También intento leer esta relación teniendo presente el momento en que Stendhal escribe la novela. Madame de Rênal pertenece a una burguesía profundamente católica, donde el matrimonio era una institución moral y religiosa prácticamente indisoluble. Su conflicto nace del audlterio y de la convicción sincera de que está traicionando todo aquello en lo que ha creído desde niña. Ahí creo que Stendhal demuestra una sensibilidad extraordinaria. Habría sido muy fácil convertirla en la esposa aburrida que descubre la pasión. No lo hace. Construye un personaje atrapado entre el deseo y una conciencia formada por la religión, la culpa y las normas de una sociedad donde una mujer tenía muy poco margen para decidir sobre su propia vida.

La llegada a París de Julien cambia por completo el tablero. Entra al servicio del marqués de La Mole y, por primera vez, tiene acceso al mundo con el que llevaba soñando desde niño y descubre algo que no esperaba: ese universo que había idealizado está lleno de personas aburridas, convencionales y satisfechas de un prestigio heredado. Julien sigue deseando pertenecer a esa élite, pero al mismo tiempo empieza a despreciarla. Es una contradicción constante en él. Admira aquello que critica y critica aquello que necesita.

Mathilde de La Mole rompe con ese ambiente casi desde su primera aparición. Mientras el resto de la aristocracia vive instalada en la comodidad de su apellido, ella siente un profundo aburrimiento hacia todo lo que la rodea. Ha leído demasiadas novelas históricas, demasiadas crónicas de caballeros, conspiraciones y ejecuciones. Sueña con una existencia extraordinaria y desprecia la monotonía de los hombres que frecuentan su salón. Necesita encontrar a alguien que convierta su vida en una historia digna de ser recordada. Por eso se fija en Julien, ya que es un joven plebeyo, orgulloso hasta el exceso, inteligente y completamente fuera de lugar en ese ambiente. Julien representa el riesgo y la posibilidad de vivir algo que rompa con la rutina aristocrática. Para Mathilde, enamorarse de él también supone un acto de rebeldía contra la clase social a la que pertenece.

Ninguno de los dos se acerca al otro de forma inocente. Julien ve en Mathilde el símbolo definitivo de aquello que siempre creyó inalcanzable. Conquistarla significa derrotar, aunque solo sea por un instante, a una sociedad que le ha repetido toda la vida que nunca estaría a su altura. Mathilde, en cambio, tampoco ama únicamente a Julien. Ama la historia que puede construir junto a él. Necesita sentirse protagonista de una pasión excepcional, distinta a todas las demás. En cierto modo, ambos utilizan al otro para alimentar una imagen de sí mismos. Stendhal pone en juego dos formas de narcisismo que terminan encontrándose.

La psicología de Rojo y negro sigue siendo deslumbrante porque busca acompañarlos mientras se engañan. Y todos se engañan siendo Julien el primero. Se convence de que actúa por orgullo cuando actúa por miedo. Confunde el deseo con la vanidad. Cree perseguir la libertad mientras cada decisión lo vuelve un poco más dependiente de la aprobación ajena.

Hay otro detalle que me gustó mucho. La novela nunca enfrenta únicamente a ricos y pobres (ese sería un conflicto demasiado sencillo) lo que realmente contrapone son dos maneras de entender el mérito. Julien está convencido de que su inteligencia debería bastar para abrirle todas las puertas. La sociedad le responde una y otra vez que el talento, por sí solo, vale bastante menos que un apellido antiguo. Ahí nace su resentimiento. Y también su tragedia.

Cuando cerré el libro, lo primero que seguía rondándome la cabeza era el contexto histórico. Es Julien producto directo de sus circunstancias? Puede ser…pero Julien podría existir hoy. No llevaría una sotana ni memorizaría las hazañas de Napoleón. Probablemente estudiaría en la universidad adecuada, cuidaría obsesivamente su imagen, aprendería a decir exactamente lo que se espera de él en cada reunión y mediría su éxito por la aprobación de quienes ocupan una posición a la que aspira. Cambian las reglas del juego, pero el impulso es el mismo.

Finalmente, debo admitir que me gusta la prosa de Stendhal, pero la decisión de seguir a Julien tan de cerca acaba pasándole factura a la novela. Su necesidad constante de calcular, de interpretar un papel distinto según quién tenga delante… llega un momento en que resulta agotadora. Stendhal nos obliga a compartir ese bucle mental una y otra vez. Confieso que, hacia el final, hubo escenas en las que solo quería sacudir a Julien y decirle: “basta ya”. Empecé a cansarme en ocasiones y tenía ganas de desconectar de la novela. La propia prosa parece ralentizarse.

Stendhal ejecuta una crítica política, una historia de amor (en partes) y una novela psicológica. Las tres lecturas funcionan al mismo tiempo si estas dispuesto a convivir con la prosa y con la mente de Julien.

Mi valoración

Escritura
4
Personajes
3,8
Ritmo
2,6
Originalidad
2,5
Emoción
2,5
Final
2,8

Lo que me encantó

  • Una de las mejores exploraciones psicológicas de la ambición que he leído.
  • Madame de Rênal y Mathilde de La Mole están construidas con una complejidad. Representan dos maneras opuestas de amar y de entender el mundo, pero ninguna de las dos queda reducida al papel de "interés romántico".
  • La ironía de Stendhal atraviesa toda la novela.
  • La crítica social es evidente pero nunca eclipsa a los personajes.
  • La psicología del protagonista está construida con una precisión extraordinaria.

Lo que menos me gustó

  • Julien Sorel puede llegar a resultar exasperante.
  • El ritmo se resiente por esa introspección continua.
  • Algunos pasajes del seminario resultan excesivamente largos.
  • Requiere cierto contexto histórico para apreciarse plenamente.
  • No es una novela especialmente accesible. La acción importa menos que los procesos mentales de los personajes, así que puede resultar frustrante para quien busque una trama dinámica.

Cita favorita

“A good book is an event in my life.”
— Stendhal

¿Para quién es este libro?

  • Te interesa la Francia de la Restauración y cómo la política, la religión y la clase social condicionan las decisiones más íntimas.
  • Buscas clásicos que exigen una lectura atenta y que cambian por completo cuando llegas al final.
  • Disfrutas de historias donde el amor también es una cuestión de orgullo, poder y ascenso social, no solo de sentimientos.
  • Te apasionan las novelas psicológicas.
  • Si has leído los siguientes libros, Rojo y negro puede gustarte: Las ilusiones perdidas, de Honoré de Balzac. Bel Ami, de Guy de Maupassant. La educación sentimental, de Gustave Flaubert. Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski. El padre Goriot, de Honoré de Balzac. La cartuja de Parma, del propio Stendhal. Vanity Fair (La feria de las vanidades), de William Makepeace Thackeray. El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald, por su reflexión sobre la ambición, la identidad y el deseo de pertenecer a un mundo que siempre parece quedar un paso más allá.
  • El contexto histórico y político del siglo XIX no despierta tu interés.
  • Te cuesta conectar con novelas que dedican muchas páginas al conflicto interior de sus personajes.

El final, explicado

Este bloque revela el finalMostrar

Después de que Madame de Rênal revele al marqués de La Mole la verdadera personalidad de Julien mediante una carta, este comprende que el futuro con el que llevaba soñando, el matrimonio con Mathilde, el reconocimiento social y el ascenso definitivo a la aristocracia, se derrumba de golpe. Cegado por el orgullo y la humillación, regresa a Verrières y dispara contra Madame de Rênal en plena iglesia. Ella sobrevive al atentado, pero Julien es detenido y juzgado. Hasta ese momento, Julien había vivido pendiente de la aprobación ajena. En prisión, por primera vez, desaparece la necesidad de impresionar a nadie. Curiosamente, es entonces cuando parece conocerse mejor a sí mismo. También comprende algo que había sido incapaz de ver durante años: la única persona a la que realmente ha amado es Madame de Rênal. Mientras Mathilde representaba el triunfo social, Madame de Rênal representaba una relación libre de estrategias y de ambiciones. El juicio también tiene una lectura política. Julien sabe que no será condenado únicamente por haber disparado contra una mujer. En su discurso acusa directamente a la sociedad que lo juzga y denuncia que, siendo hijo de un carpintero, nunca se le perdonará haber intentado ocupar un lugar reservado a los privilegiados. Julien es finalmente ejecutado. Madame de Rênal, incapaz de superar su muerte, fallece pocos días después. Mathilde, fiel a la imagen romántica con la que siempre había soñado, recoge la cabeza de Julien y organiza su entierro, reproduciendo casi una escena de las leyendas medievales que tanto admiraba.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se titula Rojo y negro?

Stendhal nunca explicó el significado del título, y precisamente por eso sigue generando debate. La interpretación más conocida relaciona el rojo con el uniforme militar napoleónico y el negro con la sotana, los dos caminos que un joven como Julien Sorel tenía para ascender socialmente. Otros críticos ven una oposición entre pasión y cálculo, revolución y conservadurismo, o incluso vida y muerte.

¿Está basada en una historia real?

Sí. Stendhal se inspiró en el caso de Antoine Berthet, un joven preceptor que en 1827 disparó contra una mujer con la que había mantenido una relación sentimental dentro de una iglesia.

¿Es una novela difícil de leer?

No especialmente por el lenguaje, pero sí por su ritmo.

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