Una familia moderna
Título original: En moderne familie
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¿Por qué leer Una familia moderna?
Porque quizá conocemos demasiado bien a nuestra familia como para verla con claridad. La novela explora: Los roles que heredamos dentro de una familia, el sentido de pertenencia y la libertad individual frente a las obligaciones familiares.
Sinopsis de Una familia moderna
Crecer tiene una consecuencia bastante incómoda: descubrir que nuestros padres son personas. Con sus deseos, sus contradicciones, sus errores y una vida que existía mucho antes de nosotros. Helga Flatland parte de una familia aparentemente normal para explorar qué ocurre cuando la imagen que hemos construido de quienes nos criaron empieza a resquebrajarse.
Reseña de Una familia moderna
Unos padres que llevan cuarenta años casados se separan y somos testigos de lo que se rompe alrededor de ellos. Sverre y Torill ya son mayores, sus tres hijos son adultos y, en principio, cada uno tiene una vida propia. La decisión debería pertenecerles, pero inevitablemente acaba involucrando a todos los miembros de la familia desmoronada.
Liv, Ellen y Håkon reciben la noticia desde lugares muy distintos. Son hermanos, pero no parecen haber crecido exactamente en la misma familia. Cada uno conserva sus propias heridas, sus recuerdos y una idea particular de lo que significaron sus padres durante la infancia. Flatland cuenta la historia desde sus tres perspectivas: una familia puede compartir padres, fotografías y domingos de Navidad y, aun así, conservar tres versiones completamente diferentes de lo que ocurrió allí dentro.
La novela avanza siguiendo esas diferencias. Primero conocemos una versión de la familia; después aparece otra y empieza a mover los muebles. Los tres hermanos funcionan como algo más que tres personajes que reaccionan ante el divorcio de sus padres
Liv es la hermana mayor, la responsable, la que ha construido una vida que desde fuera parece bastante impecable: marido, hijos, trabajo, estabilidad. Es precisamente por eso por lo que me ha resultado tan interesante verla enfrentarse a la separación de sus padres. Tiene un sistema de apoyo que, en teoría, debería amortiguar el golpe y, sin embargo, es quien más se tambalea. Cuando esa certeza desaparece, Liv empieza a mirar su propia relación con otros ojos. No está perdiendo su matrimonio, pero empieza a preguntarse qué significa el suyo cuando el matrimonio de sus padres, ese modelo que parecía inamovible, deja de existir.
Ellen ocupa un lugar completamente diferente dentro de la familia. Es la hermana mediana y arrastra desde siempre cierta sensación de estar un poco fuera de sitio. Su relación con Liv está atravesada por la comparación y, sobre todo, por aquello que cada una cree que la otra ha conseguido. Ellen desea ser madre y esa dificultad termina convirtiéndose en algo mucho mayor que un problema concreto: la maternidad empieza a mezclarse con su idea de valor, de pertenencia y de vida adulta.
Es uno de los aspectos que más me interesan de la novela, aunque también uno de los que me generan más reservas. Flatland consigue mostrar bien cómo las expectativas sobre la maternidad pueden instalarse dentro de una persona, pero las dos hermanas están, a veces, demasiado claramente dibujadas desde sus respectivos papeles: Liv como la mujer que ha seguido el guion familiar esperado; Ellen como aquella que no termina de encajar en él. La novela intenta complicarlas, pero en determinados momentos se nota demasiado el molde.
Y luego está Håkon, el pequeño, quien ha crecido ocupando un lugar diferente al de sus hermanas. Es el hijo varón, el menor y, además, durante su infancia recibió una atención especial por sus problemas de salud. Sus hermanas lo han visto durante años como el pequeño privilegiado de la familia, aunque él tenga su propia versión de esa historia. En su vida adulta se ha alejado más de las convenciones que sus hermanas: no parece interesado en reproducir el modelo tradicional de pareja y familia que sus padres representan. Resulta interesante porque, al final, el que parecía más libre termina descubriendo que tampoco está hecho de una materia completamente distinta. Håkon puede cuestionar el matrimonio, la monogamia y las expectativas familiares, pero la separación de sus padres le obliga a enfrentarse a algo mucho menos intelectual: la posibilidad real de perder el lugar al que siempre había podido volver.
El título, Una familia moderna, añade además una pequeña ironía a todo esto. La familia de Flatland puede parecer moderna: los padres se separan a una edad en la que podrían haberse limitado a continuar juntos por costumbre; los hijos han construido vidas diferentes; las ideas sobre pareja, maternidad y matrimonio ya no son las de generaciones anteriores. Pero debajo de esa aparente modernidad siguen funcionando mecanismos antiquísimos: la culpa, los celos entre hermanos, el miedo a perder el lugar que ocupamos, la necesidad de aprobación y esa expectativa bastante infantil de que nuestros padres deberían permanecer exactamente donde los dejamos.
La familia cambia de forma, pero no necesariamente deja atrás sus viejos papeles, entonces…¿cuánto de una familia es amor y cuánto es costumbre? ¿Cuánto de lo que sentimos por nuestros padres pertenece realmente al presente y cuánto viene de los niños que fuimos?
Flatland tampoco presenta la separación de Sverre y Torill como una especie de catástrofe provocada deliberadamente contra sus hijos. Simplemente han llegado a un punto en el que, después de cuarenta años juntos y una vez que los hijos han crecido, descubren que quizá ya no tienen demasiado que compartir. Han cumplido con el modelo de familia que construyeron, los hijos han hecho sus vidas y ahora quieren hacer algo distinto con la que les queda.
Y, sin embargo, a mí me ha costado no ver cierta dosis de egoísmo en la manera en que lo hacen.
No porque crea que dos personas deban permanecer juntas por obligación. Dos personas pueden descubrir, sencillamente, que ya no quieren seguir compartiendo la vida. Pero una cosa es tener derecho a marcharse y otra la responsabilidad afectiva con la que decides hacerlo cuando hay una familia detrás. Entiendo a Sverre y a Torill, pero no siempre empatizo con ellos. Hay algo particularmente frío en la forma en que parecen asumir que, porque sus hijos son adultos, la noticia debería afectarles menos. Como si cumplir cuarenta años otorgara automáticamente inmunidad frente a los padres. Los hijos son adultos, sí. Pero siguen siendo hijos.
Y quizá por eso eché de menos algo más. No necesariamente una justificación que hiciera “correcta” la separación, porque no creo que la novela necesitara eso, sino razones más contundentes, más humanas, más capaces de explicar por qué después de cuarenta años merece la pena desmontar una vida compartida. La libertad individual no elimina las responsabilidades afectivas. Y esto vuelve todavía más interesante la reacción de Liv, Ellen y Håkon. Porque los tres tienen que aceptar que sus padres son personas independientes, pero también tienen que enfrentarse a algo que la novela no resuelve del todo: ¿hasta dónde llega el derecho de los padres a elegir su propia vida cuando sus decisiones afectan a la familia que ellos mismos construyeron?
No tengo una respuesta sencilla. Yo, personalmente, sigo pensando que los hijos merecían algo más que un hemos decidido que ya no queremos estar juntos.
No todo me ha convencido. Las hermanas me han parecido, en determinados momentos, demasiado próximas al estereotipo que la propia novela parece querer cuestionar y algunos conflictos se alargan más de lo necesario. Aun así, me parece una novela muy inteligente en algo que no resulta tan sencillo como parece: observar una familia sin decidir quién es el bueno, quién es el malo y quién debería pedir perdón. Aquí todos quieren algo, todos tienen cierta razón y todos pueden ser bastante insoportables. Una combinación bastante más cercana a la vida familiar que cualquier reparto perfectamente equilibrado de culpas.
Mi valoración de Una familia moderna
Lo que me encantó
- La estructura de las tres voces. Es probablemente su mayor acierto. La misma familia cambia dependiendo de quién la mire y, poco a poco, el lector descubre que ninguna versión es completamente fiable.
- La relación entre padres e hijos está muy bien observada.
- Introspección que acaba siendo clave para entender a cada personaje.
Lo que menos me gustó
- Los personajes pueden resultar irritantes.
- A veces explica demasiado lo que ya hemos entendido.
- El retrato de las dos hermanas puede resultar demasiado estereotipado.
Cita favorita de Una familia moderna
“Grown apart? Future? Seriously, you’re seventy years old!”
¿Para quién es Una familia moderna?
- Te gustan las novelas construidas desde varias perspectivas.
- Te interesa la relación entre padres e hijos cuando los hijos ya son adultos.
- Te interesa la maternidad como deseo, expectativa y presión social.
- Te interesa la tensión entre libertad individual y responsabilidad familiar.
- Te cansan las novelas centradas en conflictos familiares cotidianos.
- Te cuesta empatizar con personajes que se pasan buena parte de la novela juzgándose entre ellos.
- Necesitas una trama con más movimiento.
El final de Una familia moderna, explicado
Este bloque revela el finalMostrar
El último capítulo cambia de perspectiva y, después de haber pasado buena parte de la novela dentro de las cabezas de Liv y Ellen, le toca el turno a Håkon. El hijo pequeño, ese que ha ocupado durante años un lugar algo lateral dentro de la familia, termina siendo paradójicamente quien puede mirar lo ocurrido con mayor distancia. Para entonces, la separación de sus padres ha dejado de ser un asunto entre dos personas. Ha entrado en la vida de sus hijos y les ha obligado a revisar la suya propia. Liv ve tambalearse la seguridad sobre la que había construido su matrimonio; Ellen proyecta sobre la maternidad buena parte de su necesidad de encontrar un lugar; y Håkon, que durante años ha defendido una idea mucho más libre del amor y de las relaciones, descubre que tampoco es tan inmune a la necesidad de pertenecer como le gustaba pensar. Finalemnte, la familia se resiste a desaparecer. Cambia de forma, se resquebraja, se discute, se reinventa; pero ahí sigue.
Preguntas frecuentes sobre Una familia moderna
¿De qué trata Una familia moderna?
La novela de Helga Flatland cuenta la historia de tres hermanos adultos que reciben una noticia inesperada: sus padres, después de cuarenta años de matrimonio, han decidido separarse.
¿Está narrada desde diferentes puntos de vista?
Sí. La novela alterna las perspectivas de Liv, Ellen y Håkon. Esta estructura es fundamental porque demuestra que una misma familia puede tener tres historias diferentes.
¿Cuál es el tema principal de la novela?
La familia entendida como una construcción de recuerdos, roles y expectativas.
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